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¿Cuánto le puedo exigir a mi hijo?

Si no nos hemos hecho alguna vez está pregunta como padres, creo que lo deberíamos de hacer. Actualmente, es tanta la preocupación que tenemos los padres de poderles ofrecer “todo“ a nuestros hijos, que les evitamos que se den cuenta que las cosas no son tan fáciles, que la vida es dura, que hay fracasos, que nos podemos equivocar, que no todo lo que se quiere se puede con solo desearlo, que hay que trabajarlo y luchar por ello,…

Esto no es ser negativo, ni acabar con la motivación de luchar por lo que se quiere, se trata de crecer, de entender que quizá no consigamos lo que queremos al instante o tal vez nunca, pero que hay que seguir soñando y no darnos por vencidos si algo no funciona como pensábamos; es necesario, que hoy en esta cultura de la inmediatez les hagamos reflexionar sobre el esfuerzo, la dedicación y el compromiso para lograr algo.

Los padres ponen las necesidades de los hijos por encima de las suyas.
 Naturalmente, los padres tienden a cuidar de sus hijos en primer lugar, y esto es bueno para la evolución, pero también es necesario que los hijos aprendan que los padres son seres humanos que se cansan, se equivocan, se enojan y necesitan su tiempo y su espacio.

Por otra parte, cuando hablo de ese “todo” ¿a qué me refiero? A educación, cariño, atención, tiempo o quizás a lo material… Si se lo preguntamos a cualquier padre o madre nos respondería que a “todo lo anterior”, pero sería necesario hacer una reflexión si estamos cumpliendo con todo lo que queremos o nuestros esfuerzos van más a cosas tangibles y materiales.

Lo más importante es darnos cuenta de que hoy las cosas son distintas y no por eso son mejores ni peores, simplemente son diferentes. Hoy los niños viven inmersos en un mundo lleno de estímulos, de grandes cambios y avances, y por momentos la tecnología nos rebasa. Estamos acostumbrados a presionar un botón y que aparezca algo de inmediato, incluso cuando algo tarda un poco hasta nosotros como adultos nos desesperamos. Precisamente eso es lo que hay que trabajar, esa paciencia, ese entender que no todo es tan fácil como presionar un botón, que hay cosas que llevan tiempo, llevan esfuerzo y trabajo y que nosotros como padres en muchas ocasiones resolvemos por no lidiar con esas quejas por esperar o no conseguir de inmediato tal o cual cosa.

 Cada vez y con más frecuencia veo a mamás que se levantan de la cama cada dos por tres para satisfacer los caprichos de su hijo, o a papás que lo dejan todo y se vuelven locos y desesperados para comprarle a la niña/o una bebida porque tiene sed y no se puede aguantar. No pasa nada por no levantarte en mitad de la noche para darle otro vaso de agua a tu hijo. No pasa nada si el papá le dice a su hijo: “Entiendo que tengas sed, pero tenemos que esperar hasta encontrar un lugar donde comprar agua, o llegar a casa y tomarla”.

Las exigencias de los niños van de esas simples como pedir agua en inmediato, hasta la de obtener el juguete más moderno porque sus compañeros lo tienen, y en la medida que ellos exijan y las respuestas vengan, ellos seguirán exigiendo, eso es lo propio del ser humano, pero no pasa nada si muchas veces eso que exiges no te es proporcionado, aprendes que no todo lo que pides se te concede.

En la medida de lo posible que nos demos cuenta de que el resolverles la vida a nuestros hijos no les ayuda del todo, seremos más firmes y no dudaremos de lo que hacemos, un niño que recibe todo lo que pide y se le concede tiene grandes riesgos de convertirse en un adulto arrogante, soberbio, egoísta, impaciente y mal educado y sin duda no será culpa de ellos, si no de nosotros.

Exigir de nuestros hijos nos llevará a descubrir mucho de lo que son capaces de dar, no les cortes las alas, no les robes oportunidades de aprender; exigir es dejarlos encontrarse y darse cuenta que tienen enormes posibilidades, pero exige siempre de acuerdo a su edad y su desarrollo, no le pidas a un niño de 3 años que lea porque el hijo de tú vecina lo hace, no le pidas que aprende a ir al baño antes de que este preparado porque será más frustrante para ti y para él, exige de acuerdo a lo que le toca, no le pidas más de lo que se desarrollo puede dar, por eso insisto tanto en el conocer a tu hijo y la etapa en la que se encuentra.

 

 

 

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Alicia Rábago

Especialista en orientación familiar, inteligencia emocional y educación. Master en psicología infantil.