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“Embellecer a alguien para toda la eternidad, ese es mi trabajo” platicando con una embalsamadora

La muerte para empezar

México es un país que se distingue por celebrar la muerte de una forma tan autentica que, ante los ojos extranjeros, parecería que nos burlamos de ella. Plazas y panteones se llenan para conmemorar a nuestros difuntos con ofrendas y altares. Nos gusta vestirnos de muertos y realizamos todo un ritual conmemorativo, que como bien ha dicho Octavio Paz, “el solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse”… y hasta la muerte es un buen pretexto.

Pero, ¿En verdad el mexicano celebra la muerte?, ¿Ríe y goza la pérdida de un ser querido?, ¿Entiende el concepto “muerte” como para celebrar en su nombre?, ¿Es totalmente abierto para tocar este tema?, ¿O acaso se pone a pensar en su propia muerte?

La realidad es que no, pues la mercadotecnia ha hecho que la mayoría de la gente “celebre” la muerte por un par de días, pero los siguientes 363 restantes del año no quieren ni mencionarla. Resulta ser un tema tan delicado que no se presta para una conversación un domingo a la hora del desayuno, pese a venir de una tradición que ya muy pocos siguen al pie de la letra.

¿Por qué el mexicano celebra la muerte pero le asustan los trámites de defunción?, ¿Por qué le gusta comprar su calaverita de azúcar pero no quiere tocar el tema del testamento?, ¿Por qué compra un disfraz para Halloween pero le incomoda o entristece asistir a un funeral?, ¿Por qué pone una ofrenda siendo que le da pavor pasar frente a una funeraria?

Simplemente porque no se tiene la cultura de prever la muerte, y además hemos crecido con una doble moral. Satirizamos la muerte y nos lamentemos cuando ésta viene; gozamos o nos es indiferente el sufrimiento ajeno, pero nos martirizamos y queremos el auxilio de todos si la desgracia es propia.

Como creemos que nunca vamos a morir, la muerte nos pega tanto sentimental como económicamente, poniendo en aprietos a los que nos quedamos. No planeamos nuestra vida para nuestra hora final –el ejemplo más claro es que muy pocas personas pagan su propio funeral–, pues  nos sentimos inmortales y nos cerramos al  tema, y sin embargo todos tendremos el mismo destino.

Esto es lo que nos comparte Angélica Contreras Ugalde, histopatólogo embalsamador y técnico en necropsias, oficios que  sin duda no a muchos les gustaría realizar, pues en ellos la muerte está presente todos los días del año. Y ella más que nadie sabe que no se puede gozar la muerte, lo que ha generado en Angélica la filosofía de que “todo lo que hacemos, inconscientemente lo hacemos para no morir”.

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Oficios de partida

Nacida en hogar de docentes, Angélica encontró su camino profesional muy lejos de casa. Estudió la carrera en la Universidad Veracruzana, única universidad en México que imparte esta carrera, y donde tuvo el primer contacto con un muerto en sus prácticas. “Nunca había pasado por alguna pérdida, tal vez fue por eso que me causaba tanta curiosidad. Mi familia apostaba que a la semana estaría de regreso”.

“La práctica te da la experiencia, pero el estudio te hace valorar la vida y la muerte, el respeto al muerto y a tu trabajo”. Ya que en nuestro país, lamentablemente este oficio (como otros más) ha sido corrompido por personas que solo buscan beneficios propios a costa de la situación.

“La muerte le duele sólo al familiar, cuando debería de dolernos a todos”, la sociedad ya está tan desensibilizada que ante un percance de este tipo, nos mostramos indiferentes,  y no pensamos en que fue una vida la que se perdió y nunca más regresará.

Por este motivo, está prohibido realizar embalsamamientos a domicilio, porque las personas no ven el cuerpo como un cadáver, lo siguen viendo como un ser querido, “Me ha tocado situaciones en las que me piden que por favor no lastime a su papá, a su abuelita, a su hijo…” ¿y por qué? Porque hay sentimientos de por medio, yo sólo asiento con la cabeza”.

El proceso de embalsamamiento es algo complejo, si se realiza correctamente puede tardar aproximadamente ocho horas; sin embargo en nuestro país tardarte más de dos horas con cada cuerpo está mal visto, ya que los negocios que se dedican a esto les importa más la cantidad que la calidad. “Las personas están acostumbradas a ver a su difunto hinchado, chorreado de la nariz, o incluso teniendo un olor fétido”.

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El proceso técnico

El embalsamamiento es un proceso químico que se le realiza a un cadáver para retardar el proceso de putrefacción, no se puede detener, sólo se retarda mediante procesos químicos, después se realiza el arreglo estético, ambos ya incluidos dentro del servicio. Para ejemplificar mejor este proceso y lo que se hace lo dividiremos en tres casos: un cuerpo íntegro, un cuerpo legal y un cuerpo que lleva un estudio histopatológico.

Cuando hay una muerte natural, se obtiene el certificado fácilmente expedido por el hospital y el cuerpo se recibe íntegro. “Cuando se recibe, uno como embalsamador debe de revisar de qué murió para poder saber el proceso que le vas a realizar, pues los químicos no siempre son los mismos para cada persona”.

Se le retiran todas las prendas que trajera el cuerpo, se prepara una fórmula que contiene formol, alcohol, agua, antiséptico y colorante, lo que realizan estos químicos es ir cosiendo, por así decirlo, el cuerpo por dentro.

Para poder administrar la fórmula debe hacerse una incisión en el cuerpo y buscar el paquete vasculonervioso, el cual contiene vena, arteria y nervio, de ese paquete se separa un poco la arteria y a través de ella se inyecta la fórmula, se debe bombear  y con la presión va entrando la sustancia.

El bombeo debe ser cuidadoso pues si se ejerce demasiada presión podrían llegar a deformarse las facciones o en casos extremos sacar los globos oculares. Mientras se administra la fórmula, en otra parte del cuerpo se realiza una nueva incisión para que la sangre pueda ser drenada a través de la vena, al mismo tiempo que los líquidos se van expandiendo dentro del cuerpo.

Después viene el turno del troquer, una vara metálica conectada a una manguera insertada en una bomba con un bote. Se hace una incisión debajo de la caja torácica para introducir esta vara metálica que empieza a drenar los órganos succionando hacia el recipiente.

Después se empieza a licuar, con el mismo instrumento, licúas todo por dentro, teniendo mucho cuidado de que no se perfore hacia el exterior del cuerpo. “Yo acostumbro bañar al cadáver con agua caliente antes de empezar con el arreglo estético, muchos quedan con el espasmo cadavérico y el agua tibia ayuda a destensarlos dándole masajes”. El proceso debe de ser siempre lo más higiénico posible, hay varios productos que nos ayudan a tapar todos los orificios del cuerpo.

En la escuela se lleva cosmetología forense, enseñan desde cortar el cabello hasta poner uñas postizas. “Una señora me pidió pintar el cabello de su difunto, con gusto lo hice y ella quedó agradecida, las gratificaciones de la gente te pagan más que recibir tu sueldo”.

“A mí me gusta ponerle todo lo que me dé el familiar. ¿Lo puede poner sonriendo? Me preguntan, y sí se puede porque el alcohol fija. ¿Le puedes poner este color en los labios? Claro que puedo, no me cuesta nada. ¿Le puedes poner su título y su reloj?… y así lo hago, porque para mí no hay cosa más vil que robarle a un cadáver”.

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Por otra parte, un cuerpo necropsiado que viene del ministerio público por muerte ‘n’, es un cuerpo  que fue abierto. “Generalmente se piensa que este procedimiento sólo se realiza a cuerpos por una muerte fatal, pero no, puede ser una persona que murió de un infarto pero en la vía pública, por eso se necesita corroborar la causa de su muerte. Descartar si lo envenenaron, lo intoxicaron o lo apuñalaron” por eso es necesario que el cadáver pase por una necropcirugía antes del proceso de embalsamamiento.

Cuando el embalsamador recibe el cuerpo, éste llega abierto con todos los órganos (es mentira que les quiten los órganos sin su consentimiento) desacomodados, pues se realizó el estudio previo en el anfiteatro, y sin nada de estética para que realices el servicio de embalsamamiento.

Un cuerpo con un estudio histopatológico o necropsia clínica, es cuando un médico patólogo, con el fin de determinar la causa de la muerte y dar seguimiento al estudio de dicha enfermedad, retira los órganos del cuerpo, con autorización. La sutura es estética, pero el cuerpo viene vacío. “Me tocó un bebé que cuando lo recibí no pesaba nada, lo revisé y tenía una sutura casi invisible”.

Por otro lado la necropsia  es para corroborar la causa de muerte, indagar todas las características físicas que no van acorde con el cuerpo, el técnico hace este procedimiento junto con el médico. Va por supuesto antes del embalsamador, su trabajo se ve reflejado en el trabajo del otro. Angélica que ha estado de los dos lados lo sabe mejor que nadie, “Me han tocado casos en los que pienso que los abrieron con las ‘patas’; mi trabajo trato de hacerlo lo más estéticamente posible, pues no hay que ser egoísta, aunque no sea tu trabajo, ayudas a que el embalsamador pueda hacer mejor su labor.”

Por último hay que entender que todos estos son procesos son antinaturales, hasta cierto punto es salvajismo, porque no es normal. “Normal sería morirte, pudrirte, quedarte así y que te entierren”. Estas son prácticas que la sociedad ha ido adaptando  a su cultura, pero la misma sociedad no es tan fuerte para entender el proceso que le van a hacer a su muerto.

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Embellecer para la eternidad

“A mí me han criticado mucho porque uso mi instrumental, sin embargo me ha tocado ver que en un anfiteatro ocupaban hasta un cuchillo de cocina”. El amor al trabajo es lo que te enseña la escuela, “a mí me enseñaron hasta suturar con instrumental, porque a pesar de que sea un muerto, no le quita el valor humano que tiene”. La experiencia te hace grande, pero es esta pequeña cosa que hace la diferencia de los demás, el respeto al cadáver.

“Ver la historia detrás del muerto me ha hecho valorar la vida, porque a veces me pregunto el porqué no me he muerto, siendo que he tenido varias cosas y percances en mi vida”. Hace un par de años Angélica fue atropellada por una camioneta, quedando lastimada de la cadera, percances que han generado creer en el destino y en una misión valiosa que tiene ella en este mundo por cumplir.

Algo importante es que ella nunca se ha echado para atrás o arrepentido en esto que hace. “Yo sí nací para esto porque no tengo necesidad en absoluto de decir que yo me dedico a abrir muertos”, ya que esta profesión se ha puesto como tendencia en el país en los últimos años, “pero al final el trabajo habla por uno”.

“Embalsamar a alguien es embellecerlo por toda la eternidad, merece respeto y amor”. Muchos dicen que para qué hacerle tanto si ya se murió, la cuestión es que será la última imagen que tendrán los familiares. Uno no quiere recordarlo mal, golpeado, chorreado o con un olor desagradable, es por eso la importancia del trabajo de Angélica, “…me gusta ser ese último lazo entre el fin y la despedida, he ahí la importancia de hacer bien mi trabajo”.

“A mí me daría miedo sobrevivir, y que todos mis seres queridos murieran, quedándome sola”. Hasta eso Angélica no se salva de tenerle miedo a la muerte, aunque sea una amiga cercana. Para alegría de ella y de todos, no hay nadie que no vaya a pasar por esto, todos moriremos en algún momento, pero el paso más difícil es aceptarlo.

“Uno puede decir que ha madurado cuando empieza a cuestionarse sobre la muerte”.

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Chale Madame

Todo lo que sucede en nuestro día a día lo encontrarás aquí, contado muy al estilo Chale Madame.

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