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Qué haríamos sin la comida de nuestras mamás

Querida Mamá:

Los mexicanos tenemos esa capacidad de encontrar lugares donde reina la tradición, sabor y sobre todo el sazón de mamá. Un sazón que a pesar de encontrarse a kilómetros de nuestro hogar, puede recordarnos sin duda a quien nos enseñó que: “a comer y a misa, una vez se avisa”. Desde niños tenemos una fascinación por esos platillos que no sólo nos recuerdan nuestras raíces y a ustedes, nuestras madres.

También nos recuerdan que como mexicanos debemos aprender a comer desde una quesadilla hasta una deliciosa gordita de chicharrón. Los sábados en casa de la abuela son para degustar unos tamales y terminar en una bistecisa. En la adolescencia y juventud aprendemos que las penas con pan son menos y unos chilaquiles bien picosos pueden convertirse en ese mejor amigo de sábado o domingo en la mañana.

Tú, la abuela y bisabuela también nos dejaron claro que “la cocina no es restaurante”, por lo tanto debemos comer lo que haya, nos guste o no. Pero que no existe mejor comida que un antojito mexicano, tan variado, tan ad oc para cada momento e incluso, tan atinado al presupuesto.

Es indispensable conocer una que otra receta de los mismos para poder saber el sacrificio y placer que sólo ustedes como mamás le ponen a cada taco, plato de pozole, tostada y pambazo. Recetas que a pesar de seguir al pie de la letra, requieren de algo más, algo que sólo las madres mexicanas poseen.

Aquellas mujeres que saben lo que nos gusta, cuándo y cómo nos gusta. No sé qué sería de los restaurantes de comida mexicana, las cocinas y nuestros estómagos sin ustedes.

Gracias infinitas.

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