Cortesía.

¡Que no sólo sea un gran deseo!

Pedagoga Alicia Rábago

(Maestría en Ciencias de la Orientación Familiar, Master en Psicología Infantil, en Inteligencia Emocional y Coaching Educativo)

Cuando hablo con Padres de Familia y les pregunto ¿qué desean para sus hijos?, en su mayoría me contestan: “que sea feliz” o la otra respuesta más común es: “lo mejor”, pero cuando hago la siguiente pregunta: ¿cómo piensas lograrlo?,  su respuesta no viene tan rápidamente como la primera. Por supuesto que todos queremos o, por lo menos, tenemos claro que nos encantaría que nuestros hijos sean felices y que tuvieran todo lo mejor, pero las dudas comienzan cuando pasamos del “qué” al “cómo”. Definitivamente no existen recetas, ni manuales que nos digan cómo lograrlo, pero  si hay ciertas estrategias o situaciones que debemos tratar de seguir para encaminar a nuestros hijos a disfrutar de la vida para aprender a ser felices todos los días.

Yo creo que este deseo que se tiene para con los hijos viene desde que el hombre existe. Lo que creo ha cambiado mucho es la forma en que los padres estamos cooperando para que esto suceda. Hoy me encuentro con muchos de ellos cuestionándose a sí mismos si lo están haciendo bien, se juzgan duramente y son juzgados por otros padres de familia, y en muchas ocasiones esto no nos hace tomar las mejores decisiones. Esta generación que educa con la premisa de “quiero darle lo que yo no tuve”, creo que en ocasiones pierde la brújula entre el “ser” y “tener”, y lo único que ha sucedido es que me encuentro con muchos padres necesitados de que alguien les “resuelva” cómo lograr esto que la mayoría busca.

Sin temor a equivocarme, lo primero que tenemos que hacer es tratar como padres, por qué eso somos: “PADRES” (personas que educan, guían, acompañan, enseñan, forman etc.), de ser mejores personas, ya que el ejemplo será lo primero que los hijos aprendan de nosotros y si queremos lo mejor para ellos tenemos que enseñarles que nosotros buscamos ser mejores personas todos los días. Los niños cierran muchas veces los oídos a las palabras, pero nunca los ojos al ejemplo.

Otro aspecto a considerar es tener muy claro el objetivo qué queremos lograr con nuestros hijos: “quiero que sea honesto, que sea leal, que sea respetuoso, que sea integro, etc…”. El plantearnos qué buscamos, nos hace tener más claro qué camino seguir. Esto implica que tengamos muy claro la escala de valores que queremos  nuestros hijos tengan.

Entender desde hoy: que tenga tú hijo la edad que tenga, no siempre podrás estar ahí para resolver todo problema que se le presente, por lo cual tendrás que tratar de darle la mayor cantidad de herramientas para que él pueda ser capaz de resolverlas cuando no estés para ayudarle; irle quitando piedras de su camino en lugar de enseñarlo a que él las quite no lo hace feliz. Quizá en inmediato le resuelvas el problema, pero le estarás generando uno mayor a la larga, ya que creerá que él no es capaz de resolver nada por su cuenta, del fracaso también se aprende.

Desear para tus hijos lo mejor es maravilloso, pero de sólo desearlo no se cumple. ¡Hay que actuar!

 

 

 

 

 

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Alicia Rábago

Especialista en orientación familiar, inteligencia emocional y educación. Master en psicología infantil.