Cortesía.

El “Grito” no siempre se celebra

En este mes de septiembre, “mes del grito”, me pareció importante hacer la reflexión de ¿por qué gritamos?. Hay gritos de enojo, de felicidad, de impotencia, de miedo, de angustia, de tristeza… Así es, todos los gritos provienen de una emoción. Son una reacción o respuesta frente a alguna emoción; cuando es un grito de felicidad o para un festejo como en este mes, ¡hasta fiesta hacemos!, pero, ¿qué sucede cuando esos gritos se dan por impotencia o enojo? ¿Qué pasa cuando la dinámica en el hogar es a base de gritos, y mucho más, cuando la relación con tus hijos está basada en ellos?

Sin duda lo más sabio y mejor para todos es detenerse, analizar y poder cambiar la situación.

Primer paso preguntarnos ¿porque gritamos?

-Por costumbre.

-Porque así lo aprendimos.

-Porque es sencillo y rápido.

-Porque no requiere de desgaste intelectual.

-Porque conseguimos (a corto plazo lo que buscamos), atención o respuesta.

-Porque “creemos”  que da autoridad.

-Porque parece que le da más importancia a lo que decimos.

Porque creemos que así se nos escucha.

Puede ser por una razón, varias o todas, pero una vez hecho el análisis lo que buscamos es dejarlo de hacer y cómo cualquier mala costumbre que queramos desechar, es necesario plantearse estrategias y para ello acudí a una amiga y líder certificada y representante de Screamfree en México, la Psicóloga Samantha Barocio, (creadora del programa “paternidad libre de gritos: cómo educar a tus hijos manteniendo la calma”) y nos comentó:

  1. Cuida de ti. Un papá/ mamá mal comido, mal dormido, con malestares (o enfermo) , frustrado con su vida, es medio complicado que no grite.
  1. Hazte consciente de tu ansiedad. Los malos comportamientos de los hijos nos generan ansiedad: (preocupación, angustia, enojo), y cuando no somos conscientes de ella y hacemos algo por manejarla, siempre terminamos gritando.
  1. Sé empático. Los malos comportamientos no siempre son debido a que los hijos “se quieran portar mal”, a veces están cansados, frustrados o esperamos más de ellos de lo que pueden dar, (por ejemplo, si te llevas a tu hijo al super cuando tiene hambre, está cansado o ha tenido un mal día, es muy probable que se porte mal y termines gritando).
  1. Anticipa las actividades. Sólo porque nosotros como adultos estemos acostumbrados a correr todo el día y vivir bajo estrés, no significa que tus hijos tengan que vivir igual. Anticípales las actividades, expresa lo que esperas de ellos y dales tiempo para hacer la transición entre una actividad a otra: “Te recuerdo que nos vamos en quince minutos.” Frases tan sencillas como esa, ¡pueden salvarte de muchos gritos y tus hijos agradecerán la cortesía, tengan la edad que tengan!

Cuando pensamos que los gritos lo único que hacen es demostrar que no somos capaces de manejar una situación y transformar una situación negativa, nos damos cuenta que a largo plazo no lograremos nada más que un desgaste personal y el más costoso un gran desgaste en la relación con nuestros hijos.

Sin duda como padres todos hemos perdido el control en más de una ocasión y no es fácil dejarlo de hacer porque esto implica mucho autocontrol, autoconocimiento y autoanálisis  y digamos que la vida en continuo estrés y sin pausa no ayuda mucho, así que aún mas tendremos que  más en esas emociones que sentimos y empezar a controlarlas!

¡¡¡Gritemos juntos pero sólo de felicidad!!!

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Alicia Rábago

Especialista en orientación familiar, inteligencia emocional y educación. Master en psicología infantil.