Kitsch: El estilo artístico que vive en tu casa

Así como lo lees. En casa de todo buen mexicano (o de la mamá, o de la tía o de la abuelita) hay alguna representación artística. Háblese, claro, de aquellas personas que pueden pagar miles o millones en subastas. Dígase también que habemos quienes imprimimos en grande nuestras pinturas preferidas para colgarlas (enmarcadas, ooobvio). Pero no hablamos de eso, se trata del estilo artístico que está metido hasta la recámara y ni siquiera nos damos cuenta: El Kitsch.

 

Porque ninguno de nosotros es un superhombre como para poder escapar por completo del Kitsch. Por más que lo despreciemos, el Kitsch forma parte sino del hombre

Milán Kundera

 

Basta con entrar a la casa para que nos reciban mil letreros de Bienvenido, en el tapete, en la ranita, en una herradura, en el perchero de las llaves. Una vista veloz a la sala nos diría quiénes en la familia han cumplido los XV años, la boda de los (quizá) aún felizmente casados, el niño que ya hizo la primera comunión ¿Ya sabes por dónde va la cosa?

 

Pero antes de continuar enumerando (y después ilustrando, cómo que no) todo lo Kitsch que podemos encontrar en nuestras casas…

 

¿Qué es el Kitsch?

 

Se trata de un estilo artístico que tiene mucho de pretensión y mucho de cursilería. Además, añade a las cosas un rasgo fuertemente identitario. Y si tuviéramos que definir a este estilo en una frase no podría ser otra que “Nada está de más”.  De manera burda podríamos colocar al kitsch en el polo opuesto al minimalismo.

 

Que levante la mano aquel que no ha visto algo de ello alguna vez en su vida (no nos hagamos, muchas de nuestras mamás aún guardan el payasito-lámpara-servilletero que fabricamos en el kinder).  El Kitsch está íntimamente ligado con lo que podría considerarse basura, barato o reciclado; y es que cómo podríamos irnos de esa fiesta sin llevarnos el centro de mesa (¿para qué? ¡Para la vitrina!), ¿para qué tirar la caja de las galletas?, mejor le metemos los hilos y las agujas.

 

Pero no es nuevo, para nada. Mucho menos es consciente. Las casas de las abuelitas son uno de los mejores ejemplos. No había mueble que no tuviera una carpetita para el polvo, aunque al quitarla éste quedara justo en los hoyitos del tejido; incluso encontramos una iglesia minuatura con los altares replétos de imágenes religiosas, flores y hasta foquitos.

 

Aunque tampoco es tan vieja. Las fiestas de XV años (que se siguen celebrando a diario) tienen mil detalles del tipo. Los vestidos de colores vibrantes y texturas de animal print son un clarísimo ejemplo. Qué me dicen de la foto de la quinceañera al inicio del evento (eso sí, en un caballete, no vaya a ser) para recibir felicitaciones escritas de los asistentes.

 

Lo mejor de esto no es si se hace conciente, no es si se trata de reciclaje, tampoco tiene que ver con ser o no los más nice. México es y ha sido siempre un país lleno de colores y repleto de personalidad. El kitsch está tan arraigado en nuestra cultura y forma de ver el mundo que, apenas recordemos alguna manifestación de estas, se nos viene a la memoria nuestra casa, nuestra familia, nuestra infancia.

 

Así que desempolva los recuerdos, acuérdate de todos estos objetos

y situaciones, respira y… ¡Hogar, dulce hogar!

 

Rememorando mis colecciones de pósters pegados en el closet, Jessica Montoya

 

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Jessica Montoya Piñón

Dieciséis años he sido estudiante. Tan tradicional que todo parece indicar que tengo cuarenta desde los quince. Quasi-comunicóloga, quasi-escritora y quasi-Madame.