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La vida antes del wifi

Antes de los celulares, de las tabletas, del Wifi omnipresente, no había manera de escaparse de las reuniones familiares. La gran familia mexicana acostumbra celebrar hasta el cumpleaños de su mascota.

En la década de los 80 no había forma de escabullirse. Escuchar las anécdotas de siempre, oír a los viejos contar que el pasado fue mejor, mirar a los malacopas caerse mientras bailaban, era toda una carrera de resistencia.

La vida antes del Whatsapp consistía en llenar un álbum con estampas que vendían afuera de la escuela, ver los mismos programas, consumir las mismas noticias que los vecinos y familiares, llenarse de tinta las manos con el periódico.

Es cierto que corríamos a toda hora, la calle era un gran escenario que se podía convertir en cancha de futbol o en un campo de batalla. No existía el agua embotellada, bebíamos directamente de la llave. La vida transcurría lenta, sin prisas, sin necesidad de tomarse una selfie y postear hasta el cansancio. La vida era lo que contábamos cara a cara. Las redes sociales se construían en la calle, tocándole al vecino.

La vida antes del Facebook era buscar las carteleras cinematográficas en los periódicos. Las funciones comenzaban a las dos de la tarde. Fue hasta los noventa que algunos cines del centro iniciaron sus funciones a las 11 de la mañana.

Antes del monstruo inmobiliario, del reinado de los centros comerciales, en esta Ciudad de México había cines enormes (esas sí eran pantallas). En uno de ellos, el Cine Manacar (sí, hoy ya no existe) vi Volver al Futuro, Indiana Jones, ET, Hércules.

Antes del Ipod y Spotify esta ciudad tenía un lugar que se llamaba Discolandia, una tienda dedicada a vender Discos de Acetato, hoy de moda nuevamente.

Los libros no siempre estuvieron a la mano del lector. No había posibilidad de hojearlos y leer algunas páginas. Teníamos que confiar en nuestro instinto o en la recomendación.

En los 80 no hubiera sido fácil quedarse en casa, ordenar una pizza y zappear 150 canales de cable, buscar una película en Netflix o revisar el Facebook. Me alegra haber librado ese obstáculo, la vida es más cómoda desde nuestra cueva cavernícola del Siglo XXI.

Comentarios

Daniel Francisco Martínez

Descubro y hago posible la magia de los libros.

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