Cortesía Internet.

¡Es por esto que se prohibe el flash en museos!


La prohibición fotográfica en los museos se asocia con cuestiones de derecho de autor, de exclusividad de una muestra, incluso de protección a las demás personas. ¿Y el flash? ¿On tan mis fotos con flash pa’ irme? Mucho se dijo que lo único que respaldaba esta regla era el tiempo (sí, que alguien, algún día, en algún lugar lo había decretado). Pues no.  Resulta que esta prohibición, para muchos sin fundamento, tiene su razón de ser.

 

Las pinturas de la tercera edad (esas pintadas hace muchos, muchiiiisimos ayeres) contienen en sus lienzos pigmentos con compuestos orgánicos. Resulta que esto hace muy obvia su degradación. Ahora, si ya de por sí el tiempo hace de las suyas ¿qué hace la luz del flash? Bueno, pues los compuestos orgánicos hacen que las personas retratadas cobren vida. Con el tiempo y como no se les piden las fotos se apenan y se esconden dentro de las obras. KASTAPASANDA.

 

Not. Pongámonos serios (y químicos), saquen ese juego de química “mi felicidad” (para no decir marcas, obviamente). Bueno, los componentes de los pigmentos son capaces de absorber la radiación luminosa. Ahora que, también, mucho de culpa la tiene la cámara y no sólo las pinturas. Los tubos de flash tienen en sus haberes lámparas de Xenon, súper comunmente utilizadas en pruebas de envejecimiento prematuro (¿QUÉ?).

 

Estas lámparas rompen los pigmentos que están ya de por sí deteriorados :(. Concluímos de esto varias cosas:

 

    1. La Gioconda no puede tomar el sol 🙁
    2. Sacar fotos con flash envejece a las pinturas 🙁
    3. Sacarnos fotos con flash seguro que también nos envejece 🙁

 

Mi mejor recomendación es que por el bien de todos nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, conservemos de la mejor manera las obras expuestas. Seguir las recomendaciones  podría conservar las pinturas por mucho más tiempo (además, tienes razón de sobra para presumir el porqué de esta regla).

Evita que los museos de tu ciudad pierdan obras como la de la izquierda y ganen, en su lugar, obras como la de la derecha

 

Cortesía Internet.

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Inscribiéndome a un curso de restauración, Jessica Montoya

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Jessica Montoya Piñón

Dieciséis años he sido estudiante. Tan tradicional que todo parece indicar que tengo cuarenta desde los quince. Quasi-comunicóloga, quasi-escritora y quasi-Madame.