Cortesía de Unate.

Protege tu biblioteca al estilo medieval


No hay plaga más indeseable que esa que hace desaparecer los libros de tu biblioteca. A algunos desafortunados nos ha tocado estar en la terrible situación de invitar a alguien a casa y que, de pronto, falte algún ejemplar. Este padecimiento es tan viejo como el mismo tiempo (meeeeentira, pero tan viejo como los libros la verdad sí).

¿Por qué viejo? ¿Qué está pasando? Resulta que en la ya vieja Edad Media sucedían cosas parecidas (o al menos eso se creía). No había muchos amantes de lo ajeno tras los textos porque eran pocas las personas que sabían leer. Pero sí era dificilísimo hacer un libro. Tan sólo su creación podía tomar varios años, y si ya eso lo hace un tanto inalcanzable, agrégale que pocos podían hacer esta labor, que estaba más bien a cargo de los monjes de monasterios.

Con todo esto se hizo necesario asegurarlos (pero asegurarlos en serio). Y como aquello de poner chips o códigos de barra que sonaran al salir de las bibliotecas si alguien había olvidado que el libro no le pertenecía estaba lejos de suceder, les ponían cadenas. Cual cinturón de castidad para el libro abierto, me imagino. Y si este método fallaba tenían un plan B (hombre medieval precavido, vale por dos).

Los escribas, luego de copiar a mano (ah sí, con su puño y letra) decidían proferir, por escrito y a quien corresponda, una terrible y dramática maldición. Si las cadenas o cualquiera que sea tu método no ha funcionado, te dejo a continuación algunas para que las pongas en práctica y si no logras recuperar tu ejemplar, al menos le pegues un susto a quien sea que tenga tu precioso (libro, obvio).

via GIPHY

  • “Aquel que robare, tomare y no retornare este libro a su dueño, que su brazo se transforme en una serpiente que lo muerda y rasgue. Que de él se apodere la parálisis y sus miembros queden malditos. Que desfallezca en dolor llorando por piedad, y que no haya descanso para su agonía hasta que él mismo cante en su disolución. Que los gusanos de los libros roan sus entrañas sin morir jamás, y cuando por fin se vaya a su castigo final, que las llamas del infierno lo consuman para siempre“.
  • “En el infierno, quien de este libro una hoja doblare, se tostaráquien una marca o manchón hiciere, se rostizaráy quien este libro robare, en el infierno se cocinará“.

Ojalá te toque un supersticioso en el que estas maldiciones tengan efecto. Aunque, si esto te pasa muy seguido, es mejor consultar el libro Anathema! Medieval Scribes and the History of Book Curses de Marc Drogin porque tiene coleccionadas muchísimas más.

 

¿Listo para comenzar a personalizar las últimas páginas?

 

Con asombro e información de Fahrenheit Magazine, Jessica Montoya

Comentarios

Jessica Montoya Piñón

Dieciséis años he sido estudiante. Tan tradicional que todo parece indicar que tengo cuarenta desde los quince. Quasi-comunicóloga, quasi-escritora y quasi-Madame.