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¿Quién fue en realidad Santa Claus?


Sí, sí, un señor de edad avanzada, más bien regordete, con un traje rojo y que lleva regalos. Pero, ¿de dónde es que sacamos esta figura? Mucho se ha dicho que la imagen actual de este mítico personaje se la debemos a la más grande refresquera, y en eso hay mucho de cierto. Sin embargo, el emblemático Santa Claus es mucho más viejo y así nació la leyenda.

¿Existió?

Por supuesto, nuestro simpático gordito dadivoso está inspirado en un ser humano de carne y hueso. Les cuento, su nombre era Nicolás de Bari y nació en el siglo IV en Patara, una ciudad ubicada en lo que hoy es Turquía. Por cosas del destino cayó en una familia acomodada y con un alto poder adquisitivo. Desde que era pequeño le caracterizó una bondad incomparable y una generosidad como pocas para con los más necesitados.

Como en la realidad nada es perfecto y todos sufrimos en este valle de lágrimas, cuando era muy jóven sus padres fallecieron y él lo heredó todo. ¿Qué hizo con ello? Si lo que estás pensando en que ahogó sus penas en alcohol te estás equivocando. Con sólo 19 años decidió donarlo todo PERO TODO a los más necesitados. Él se marchó con un tío para dedicarse al sacerdocio. Y como a la gente buena le pasan cosas buenas, se convirtió en obispo y luego en santo patrono de Turquía, Grecia y Rusia.

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Y si era tan dadivoso, ¿por qué no donaba su comida y de paso bajaba unos kilos?

Resulta que la imagen de Nicolás de Bari fue abismalmente distinta a como la conocemos. Todo lo contrario. Este dadivoso hombre era muy delgado y de gran estatura. Lo sé, lo sé, ahora es momento de preguntarnos cómo demonios cargaba tanto con una complexión delgada. Bueno, lo cierto es que él no iba por ahí con una bolsa. Este accesorio característico toma su fama de cuando tuvo conocimiento de una triste historia.

La hija de uno de sus vecinos iba a casarse, desgraciadamente no tenía dinero para armar el fiestón. Entonces no se ocupaban padrinos hasta de servilletas, Nicolás les obsequió un costal de oro. Como antes todo era más barato (sabiduría milenaria) echaron la casa por la ventana (me imagino). Mira que esto quedó tan grabado en nuestros románticos corazones que de ahí se retoma la costumbre de realizar intercambios.

 

He de decir que cuando la historia llegó a los Estados Unidos se transformó en bastantes cosas. Fue ahí donde le añadieron los renos, el trineo, el aspecto, la bolsa de regalos, y sí, le cambiaron la residencia al polo norte. ¿Te imaginas?

 

Pensando en que ningún año he recibido de intercambio un costal lleno de oro, Jessica Montoya

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Jessica Montoya Piñón

Dieciséis años he sido estudiante. Tan tradicional que todo parece indicar que tengo cuarenta desde los quince. Quasi-comunicóloga, quasi-escritora y quasi-Madame.