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6 cosas que sufrimos cuando vamos a un concierto sin varo

Para todos los que somos amantes de la música hay pocas cosas en el mundo que nos gusten más que ir a un concierto de nuestra banda favorita y gritar como desquisiados hasta que se nos vaya la voz, ¡Ufff! Eso sí que se disfruta. Peeeero (porque siempre hay pinches ‘peros’) no siempre tenemos la lana suficiente para darnos nuestros lujitos, y sufrimos hasta para llegar al lugar del concierto. Ya ni se diga comprarnos algo, ahí sí ya tendríamos que empeñar un riñón, pero ¿podemos vivir con uno solo, no? 🙁

Y aunque hoy sean unos godinez que ya pueden comprarse un ‘chesco’ (y nada más, tampoco somos tan pudientes), seguro como yo han sufrido, al menos una vez, de la austeridad total y han tenido que pasar por alguna de las situaciones que acá les presento. SPOILER ALERT: Aunque hoy tengan chamba o de plano sobrevivan con su “Prepa SÍ”, van a volver a pasar por ellas, están advertidos.

Conseguir las entradas

Aunque ya no seamos estudiantes, a veces sigue siendo misión imposible ahorrar para ir a uno de esos conciertos en el Palacio de los Deportes o en el Auditorio Nacional, ¡uy! Y ni soñar que sea hasta en frente, porque si juntamos dos quincenas, la tanda y los ahorros de la alcancia… apenas me alcanza hasta arriba, chale 🙁

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Tomarnos una chela

Seamos honestos, gritar montones en un concierto es ley, así que seguro nos da sed a mitad de la tercera canción, por lo que en algún momento tendremos que decidir entre comprarnos una deliciosa chela y volver caminando a casa, o comprar el boleto del metro y pero aguantarnos las ganas del alcohol. Y luego que salen re caras las condenadas. Así no se pinches puede.

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Regresar a casa sano y salvo

Acá hay de dos sopas: O de plano te sales media hora antes de que termine el concierto, y corres por tu vida para alcanzar metro; o pides un UBER y endeudas hasta a tus nietos, bueno quizá exagero un poco. Ya si de plano quieres jugártela y pedir un taxi, prepárate para que te saquen un ojo, porque los ogts manchados pueden llegar a cobrarte hasta 300 varos en un trayecto donde usalmente son $50. Ches abusadores.

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Cenar o morir de hambre toda la noche

El 99% de la comida que venden en estos eventos no es la mejor, hay que aceptarlo, pero si salimos de la chamba o de casa sin nada en la panza, hasta los hot dogs flacos se nos hacen deliciosos. Si a eso le sumamos que cantar, brincar y sudar con el estómago vacío pueden ser la fórmula para un desmayo seguro, no nos quedará de otra que olvidar la chela. O comes, o bebes, la vida de austeridad es dura 🙁

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Comprar “recuerditos”

Qué triste es escuchar por todos lados el típico: “¡llévele, llévele, la sudadera oficial, la taza del evento, la foto para el recuerdo!”, y no’más no poder comprar nada 🙁 Si comer o beber algo está para pensarse dos veces, comprar un recuerdito está para pernsarse 7 veces, así que vayan olvidándose de presumir la nueva playera el día siguiente, menos si fue fin de quincena y todavía deben hasta la renta.

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Ligar con alguien

Aceptémoslo: Para ligar necesitamos aunque sea un poco de money, cash, efectivo, varo, dinero… aunque sea unos centavitos pues para invitarle a la persona en cuestión una chela, un refresco, el taxi a la salida del concierto. Digo, eso a menos que lo/la conquistes con tu inigualable carisma, tus bellos ojos y tu increíble sentido del humor, y la neta eso sólo me sale a mi… ok, no.

 ¿Por cuántas han pasado ustedes? ¿Sí han sufrido por hambre y sed, o sólo soy yo la pobre?

Comentarios

Claudia Iveth Hernández Castillo

Futbolista, deportista, comunicóloga, RRPP, Macho Alfa, pelo en pecho, lomo plateado, valentina de la que pica. 80% Chale, 20% Madame. Pueden seguirme en twitter en @klau_1015