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Un buen gallo

Existen en el Centro Histórico de la Ciudad de México lugares en los que pareciera no transcurrir el tiempo, en los que gracias a su arquitectura, mobiliario y tradicional estilo, logran transportar a aquellos que crecieron con el romanticismo, las imágenes en blanco y negro y la idea de que un buen trago alivia las penas, a los mejores años de su vida.

Uno de éstos memorables lugares es el recinto que se aloja entre las ahora calles de Bolivar y Venustiano Carranza. Su historia data desde 1874, años que se pueden notar gracias a los vitrales con forma de botellas que decoran las ventanas y paredes de la cantina que abarca una de las esquinas más antiguas del Centro, su nombre: El gallo de oro.

Lo primero que se ve al adentrarse en el lugar además del menú del día, es la enorme barra repleta de botellas de wisky, ron, brandy, tequila y demás bebidas que sin pudor alguno ofrecen sus meseros. “Este gallo canta todos los días, incluso los domingos”, con un horario de 1 pm a 8 pm, y lo que hace especiales los domingos es el delicioso y variado buffet y “entre semana hay sopes, caldo de camarón, carne de res en salsa y una arrachera bien sabrosa” menciona un mesero mientras toma la orden de varias familias.

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En domingo El gallo de oro, no sólo es un lugar para ir a “curarsela”, pues detrás de esas grandes y redondas lámparas, puertas y sillas de madera,  y  fachada color terracota se reciben familias enteras que al rededor de las tres de la tarde buscan un lugar para comer, a pesar de tener que desembolsar toda una quincena al momento de pagar la cuenta.

Porque en El gallo de oro un trago de tequila sale en 85 pesos, una cerveza en 40 y el antes mencionado buffet en 139 pesos por persona. Para muchos, el precio no importa cuando un domingo por la tarde te atienden como en casa, con tortillas calientitas, buena música y la misma calidad, tradición y cordialidad con la que atendían a políticos, poetas, escritores y cantantes desde 1874, en el gallo más antiguo del Centro Histórico: “El gallo de Oro

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