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Ya te echaste uno, ya te echaste dos

No te ha pasado que de repente sientes un cosquilleo medio frío recorriendo tu espalda hasta alborotarse en las rodillas. Ya te echaste uno. No puedes con la vergüenza, estás dando la primera impresión y sientes como se te acalambran los dedos de las manos y tratas de apretar los glúteos. Ya te echaste dos. Para después reír simpáticamente y culpar al de al lado.

Es muy común tener problemas a la hora de socializar, unos por tímidos, otros por demasiado confianzudos; pero aquellos que en verdad tienen pedos, no se preocupen, ya que es un asunto que a todos nos pasa, pues es una función natural del organismo: luego de comer, los alimentos se fermentan en el intestino, así los residuos de éstos, sufren degradación a consecuencia de la acción de bacterias intestinales.

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Los incómodos gases se generan por el aire que se consume a lo largo del día, por ejemplo, cuando sorbes líquidos calientes (té, café, sopas, o pastas) grandes cantidades de aire entran directamente al estómago. Y como uno no se llena de eso, bueno: mejor afuera que adentro.

Bien diría mi madre: mejor perder un amigo que una tripa. Y cuánta razón tiene, pues las consecuencias de aguantar echarse uno pueden originar diverticulitis. Este trastorno intestinal se desarrolla cuando se forman bolsitas de aire, principalmente en el intestino grueso. Si éstas se rompen pueden generar peritonitis, y si esto no se trata, a su tiempo puede desarrollar trastornos o enfermedades más complicadas causando así la muerte.

¿Habías escuchado que alguien se ha muerto por un pedo? Pues ahora sabes que sí es posible. Así que no te preocupes por las primeras impresiones y libérate, porque para cuando te eches tres, te quedarás sin amigos, pero oye, todo sea por el esfínter.

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Así que todo con calma, relájate, suéltate, y ¡pásala Marvaz!

Comentarios

Rubén Márquez Vázquez

Soy un chavo súper relajado. Me gustan las actividades extras, pues en cada oportunidad siempre hay algo nuevo para aprender, y las experiencias nuevas son las que llenan el alma de sabiduría y de risas la hora del café.